Panóptico y tagada: historias de instagram

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La gente está allí. Siempre ha estado allí. Pero aquí es como si fuéramos el fantasma de la navidad pasada asomado por detrás de la ventana. O un transeúnte voyerista que se ha girado a mirar al corredor, a la paseadora de perros, al fotógrafo de hojas y césped. La gente está disponible, pasamos de una a otra. Sabemos algo, algo está haciendo está persona, o más bien, sabemos que se ha asomado a la habitación con la ventana que ha dispuesto para los demás. La acumulación de noticias que recibimos de estos conocidos hunde en la actualidad el tiempo que pasa sin que sostengamos un intercambio no anónimo. Las reacciones estandarizadas cubren ese trecho. El corazón que da a entender que no eres un maleducado, de vuelta, cierra la conversación. En el fondo, nadie quiere entrar en detalles. Antes, cuando me introdujeron a instagram, creía que las historias eran como “estados” de facebook, formas de arrojar un señuelo para decir acá estoy, soy interesante, conversemos. La verdad es que la conversación no es necesariamente parte del circuito. Un amigo, inquieto, me escribe un día para preguntarme cosas de la vida; pero el mensaje llega directo, como por un salto, a pesar del tremendo tiempo que nos separa. No es necesario agarrarse de la excusa o de cualquier excusa. Esta dificultad cada vez mayor, por otra parte, de llamar o hablar por teléfono. Los gurús que han hecho negocio con la dependencia a la pantalla, ofreciendo su inversión como novedad minimalista, recomiendan limitar el uso de los mensajes y tratar de aumentar los llamados por voz. ¿Será una incomodidad que se nutre de la contingencia, de la imposibilidad de edición? Porque la voz presente y actual no es filtrable. E incluso, la permanencia en la memoria de una llamada puede ser más radical que un en vivo que desaparecerá en 24 horas. Obviamente esto puede no ser más que mi experiencia, pero pienso en el aburrimiento gozoso que habita el desfile de historias en la aplicación, mi dedo deslizándome de una a otra, separado (y feliz de que así lo sea) de los orgullos y vanidades de estos otros que he decidido tener cerca y lejos a la vez. Entrar a buscar estas noticias ajenas es moverse como un fantasma que a medida que se acerca al centro de este tagada hecho de habitaciones solitarias, pierde todos los rasgos que lo individualizaban en una vida pasada, pierde hasta el uso más sencillo de las palabras.

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Notas fragmentarias y rápidas, para esquivar la neurosis y derrotar el olvido. Sobre cine, psicoanálisis e investigación, probablemente.

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